Por Dani Arrébola

Hace apenas unas semanas asistimos a un hito en la conversación pública global: en los Juegos Mundiales de Robots Humanoides celebrados en Pekín, un robot androide detuvo el cronómetro de los 100 metros lisos por debajo del récord histórico de Usain Bolt. Ver a un cuerpo metálico correr a más de 14 metros por segundo, saltar o competir en disciplinas que hasta ayer eran patrimonio exclusivo de la anatomía humana causa una mezcla inequívoca de fascinación y vértigo.

La pregunta que invade los debates de cafetería y las redes sociales suele ser pragmática: ¿Hasta dónde van a llegar las máquinas? ¿Cuándo nos reemplazarán?

Sin embargo, cuando abordamos esta cuestión desde la investigación académica en comunicación audiovisual, la pregunta que nos hacemos es sensiblemente distinta: ¿Por qué la figura del androide/ginoide sigue obsesionándonos tanto y qué revela sobre nosotros cuando la llevamos a la ficción?

Lo que investigo en la universidad: el androide ante la emoción

En mi investigación doctoral en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) me dedico precisamente a analizar cómo el cine y la televisión han construido los patrones de comportamiento de personajes androides y ginoides en ficciones clave como Blade Runner, Westworld o la saga Alien.

Y lo curioso es que, mientras en la vida real celebramos que un robot supere nuestros récords físicos o atléticos, en la pantalla el conflicto nunca es la velocidad o la fuerza motora. El verdadero choque dramático ocurre cuando la máquina se acerca a nuestro terreno más frágil: la vulnerabilidad emocional.

A lo largo de la historia de la ciencia ficción, las narrativas audiovisuales han utilizado a los androides para ponernos un espejo delante:

  • El dilema de la empatía: ¿Es más «humano» un androide capaz de sentir dolor o compasión que un ser humano vuelto frío por la tecnología?
  • La expresión del afecto y la grieta: Cuando una ginoide o un androide en pantalla duda, sufre o busca afecto, lo que el espectador experimenta no es miedo a la tecnología, sino una profunda reflexión sobre nuestra propia capacidad de vincularnos y sentir.

La pantalla como laboratorio de lo que viene

El récord de los 100 metros no es más que el principio de una convivencia cotidiana con inteligencias sintéticas e identidades robotizadas que ya asoman en nuestro día a día.

Analizar la representación de los androides desde las aulas y la investigación nos ayuda a anticipar debates éticos, culturales y sociales. La ficción no nos habla del futuro de los chips o de los servomotores; nos habla de nuestras expectativas, nuestros miedos al reemplazo y, sobre todo, de nuestro deseo de mantener aquello que nos hace irreemplazables: la capacidad de conmovernos.

¿Te genera fascinación o inquietud ver a robots superando marcas humanas? ¿Qué androide o ginoide del cine o la televisión te ha hecho pensar más sobre la naturaleza humana?


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